UNA CIUDAD
POSEIDA POR LA OUIJA
El 7 de marzo de 1920, los titulares de todos los
periódicos locales informaron del curioso caso de varios ciudadanos del pequeño
pueblo de El Cerrito que perdieron el norte simultáneamente.
Al parecer, la policía tuvo que detener a siete personas
que se habían vuelto locas y vagueaban desnudas después de asistir a una sesión
de Ouija. Durante los próximos días la locura se propagó como el fuego: Un
agente de la policía quitó su uniforme antes de entrar en un banco a todo
correr, gritando como un loco. Otra chica de tan solo 15 años también fue
detenida por ir por la calle desnuda. Al preguntarla porque iba así, ella
respondió, “Es más fácil contactar con los espíritus sin ropa”.
La histeria llegó a tal punto que las autoridades tuvieron
que enviar un equipo de psicólogos y psiquiatras a la ciudad para que
examinaran a 1.200 personas. Aunque los especialistas concluyeron que su origen
se atribuyó a una «histeria compartida», el gobierno local tomó la sabia
decisión de prohibir la Ouija en El Cerrito y todos los pueblos cercanos para
prevenir otro brote de locura colectiva.










